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domingo, 20 de noviembre de 2011

Resumiendo


Una canción que pongo aquí para animarme y para que quede en este blog otra vez, mi abuelo paterno que se llamaba Clemente luchó en la guerra civil española cavando trincheras.

Resumiendo

Resumiendo, que tengo un cajón de la firma Pandora,
treinta y siete chansons, c’est a dire, una y media por hora,
sin contar los sonetos, las coplas, los epistolarios,
los tinteros borrachos de tinta que ordeño a diario.

Nos tocaba crecer y crecimos, vaya si crecimos,
cada vez con más dudas, más viejos, más sabios, más primos,
pero todo se acaba, ya es hora de decirte ciao,
me ha citado la luna en Corrientes esquina Callao.

Resumiendo,
sabes dónde estoy,
resumiendo,
si me llamas voy,
resumiendo,
no me hagas hablar.

Resumiendo, esto no es un arreglo floral por tu santo,
solo sombras que en noches de insomnio me alfombran el canto,
sobre nuestras cabezas silbaban calumnias payolas,
mano a mano las fuimos driblando a puertita gayola.

Hace siglos que quiero enviarte palomas de humo,
antes de que carcoma el invierno la culpa que asumo,
ten a bien recibir de mi parte un abrazo de amigo,
cuando estalle la guerra estaré en la trinchera contigo.

Resumiendo,
sin voto y sin voz,
resumiendo,
que se pasa el arroz,
resumiendo,
dos bises y amén.

Resumiendo que tengo un cajón de la firma Pandora…

Resumiendo,
que te tengo ley,
resumiendo,
y nos dieron las seis,
resumiendo,
sin exagerar.

Una noche te vimos con Tola bajar la escalera,
yo rompía una copa y Javier destrozaba la hoguera.

Resumiendo,
Que me grita el escenario ven,
resumiendo,
pido un empujón, no te das cuen,
resumiendo,
que vomito con la televisión,
resumiendo,
me hace falta un polvo, un buen rock and roll,
resumiendo,
nos veremos cuando se ponga el sol…

viernes, 21 de octubre de 2011

La auténtica democracia de la escritura



 Hace más de un año en una tertulia literaria que organiza la biblioteca del Carmel, se comentaba la democracia de la escritura se había establecido en la actualidad. Yo creo que aunque se ha abierto mucho la escritura tradicional sigue siendo un poco oligárquico y meritocrático. Eso no significa que esté en contra del mundo de los libros, al contrario, allí se encuentra la excelencia de la escritura. Lo que digo es que para todo escritor nóvel es difícil comenzar publicando un libro.
Las redes sociales, en general, y los blogs en particular tienen la ventaja de que su edición y publicación es más económica (en cuanto a tiempo y dinero) y si se lleva con profesionalidad se puede llevar a gran número de lectres. También es un medio más libre de comunicación, casi todo blogger es un profesional.
Ahora lo que intento en mi blog es que los posts sean breves y el lenguaje utilizado sea claro y conciso. Creo que así llegará a gran número de lectores y no mermará para nada la calidad del trabajo realizado. Me gustaría, algún día, lograr vivir de lo que escribo. Tampoco tengo prisa.

lunes, 17 de octubre de 2011

Movimiento 15-M

Agapito Maestre en un artículo de Libertad Digital de ayer, titulado “El complejo Timótico” contaba que los indignados se veían afectados por el Timos traduciéndolo a cólera. Que el objetivo era reventar las instituciones y seleccionar a los dirigentes políticos y los partidos.

Últimamente no he seguido este tema y me he perdido todo eso. Creo que puedo decir que en las asambleas del Carmelo-Plaza Pastrana el objetivo no era ese. Una de las cosas que dice dicho artículo es que carecen de proyecto y yo creo que esa es una de las claves para que el movimiento funcione. Los indignados deben elaborar un proyecto definido para poder tener fuerza social y política.

Si el objetivo es fundar un partido político cuanto más definido esté el proyecto y tenga una base teórico-ideológica sólida, más fuerza tendrá pero perderá heterogeneidad (ese es el precio a pagar cuando se quiere influir políticamente cuando se asume una concepción ideológica determinada).

Jordi Mollà en un artículo de El Periódico de Catalunya apostaba que los indignados adoptase el papel de una minoría activa. Porque es cierto que la gente se sigue sintiendo representada por los partidos políticos y en las elecciones del 22-M la mayoría de gente acudió a votar, entre ellos, yo mismo. Si el movimiento quiere triunfar otro punto clave es que respete y voy más lejos, se integre en las instituciones. Yo estoy a favor de que se forme en movimiento social. Los indignados así perderían poder de acción pero al convertirse en un grupo más heterogéneo ganaría en ideas y siempre conservaría cierta influencia política y social. Mi opinión va por este camino.

EL COMPLEJO TIMÓTICO

Agapito Maestre

Las manifestaciones de los indignados nada tienen que ver ya con el espíritu democrático que, quizá alguna vez, inspiraron sus primeras expresiones. La indignación colectiva por un motivo abstracto, como sería la existencia del mal en el mundo, no es indignación. Es una enfermedad social que padecen muchos individuos. Se llama complejo timótico –del dios griego de la ira: Thymos–, o sea, la cólera surgida de un mal abstracto que es promocionado por totalitarios, encuadrados en turbas urbanas, cuyo único objetivo es la agitación y la movilización general de la sociedad. Los dirigentes de los indignados sólo aspiran reventar la democracia. Por eso, como en el caso español, esas gentes aparecen especialmente en procesos electorales, tiempo clave para que la ciudadanía ejerza el sufragio de acuerdo con las dos condiciones fundamentales de las sociedades democráticas, a saber, poder seleccionar a nuestros representantes políticos sin presiones personales y sin movilizaciones sociales.
Libertad individual y tranquilidad social son, exactamente, los dos presupuestos democráticos que tratan de destruir los indignados. ¿Cómo llamar a esta gente? ¿Cómo dirigirnos a quienes destruyen los procedimientos democráticos, especialmente, cuando más necesarios son para tomar las grandes decisiones políticas? Estamos ante revolucionarios. Sí, sí gentes radicalmente contrarias a los seres que creen en la democracia. La cuestión es sencilla de comprender: revolucionarios frente a demócratas, gentes que desprecian la política frente a personas que creen en las instituciones, violentos que imponen por la fuerza su convicción frente a pacíficos que discuten sus opiniones con sus conciudadanos.
Indignados y demócratas son términos antitéticos. Eso es todo: el demócrata es pacífico y, por eso, cuando se manifiesta en la calle por un motivo concreto y singular, no sólo pide permiso a la autoridad correspondiente, sino que también somete sus demandas a la crítica pública. El indignado timótico, por el contrario, no sólo no pide permiso, sino que se cree "legitimado" por este "complejo moral y cuasi religioso" para imponer la cólera al resto de la sociedad. Su grito es terrible: ¡Reventemos la calle! En otras palabras, el complejo timótico vertebra en la actualidad las ansias de imponer una "justicia universal", o lo que sea, pues ni ellos mismos lo saben, a través de la violencia. El indignado, y en esto coincide con el terrorista, sólo pretende la movilización general, la toma del poder y, luego, ya veremos lo que hacemos.
Es menester, pues, levantar acta de estas obviedades para descalificar la posibilidad de contemplar esta movida de los indignados como algo remotamente vinculado a la democracia occidental. Falso. Este personal sólo utiliza la democracia para asesinarla. En el mejor de los casos, la "legitimación" de estos indignados es de carácter religioso o moral, una especie de odio universal a la injusticia terrena, pero que nada tiene que ver con la política y la democracia, porque no someten su opinión a la crítica de los demás y, además, tratan de imponerla violentamente. La democracia es la resolución pacífica de conflictos, mientras que los indignados nos imponen su falsa cólera, o sea, quieren infectarnos con su enfermedad.
¿Será esta movida de los indignados, junto con el aquelarre montado por los terroristas de Eta en San Sebastián, los dos últimos "argumentos" de Rubalcaba para ganarle a Rajoy el 20-N?

viernes, 19 de agosto de 2011

Mis maestros

Cristian Meier en su blog publicó una vez explicando quienes eran sus maestros, los de los libros y los de la vida. En mi caso, los de los libros, son Arturo Pérez-Reverte, Fernando Savater y Joaquín Sabina. En literatura, filosofía, poesía y música respectivamente. Ellos fueron los que me introdujeron en el mundo de la cultura y les sigo siendo fiel. Estos tres maestros tienen mala fama entre algunos de los sectores de la cultura que podemos llamar seria (normalmente formada por pedantes) y he de confesar que yo mismo critiqué a Don Arturo por pura estupidez. De Arturo Pérez-Reverte he leido "La tabla de Flandes", "La carta esférica" y "Terrtorio Comanche". El que más me ha gustado ha sido este último. También me gustan mucho sus artículos.
En un programa de radio de la Cadena Ser llamado Punt de Llibre uno de los contertulios le criticó por su pose de "hombre duro a vuelta de todo"  y que Manu Leguineche, no la tenía "pese a haber estado en Vietnam que no son precisamente los balcanes". A ese señor me gustaría decirle una frase que me gusta mucho "que para estar de vuelta hace falta haber ido" y Reverte ha estado yendo durante treinta años. No sé si las guerras son comparables a nível de lo que ve uno individualmente, no he estado en ninguna, pero supongo que es lo suficientemente doloroso para deber un respeto a los que la han vivido.
Sobre Fernando Savater, "filósofo de lo obvio" y "maestro para niños e ignorantes", he de decir que su obra tiene más calidad de lo que muchos piensan. Será porque no lo han leído. Hay algunos que han llegado a calificar lo que él hacía y otros divulgadores de la filosofía no ya como filosofía barata sino como filosofía basura. A esos genios de la filosofía habría que recordarles que sin divulgadores no habrían estudiantes universitarios y que atentan contra la leche que han mamado. Mi opinión es que lo mejor de Savater se encuentra en tres libros de los años ochenta: "Invitación a la ética"; "Ética como amor propio" y sobre todo, "La tarea del héroe". Allí se aunan el Savater investigador y el divulgador.
De Joaquín Saina he de decir que el primer disco que me compré, con 19 o 20 años, fue "Esta boca es mía" y el disco que verdaderamente me hechizó fue el directo "Nos sobran los motivos". Sabina tiene dos épocas, en lenguaje pictórico, la premarichalazo y la postmarichalazo. Antes consideraba mejor la primera pero ahora creo que estaba equivocado. La fase actual de Don Joaquín es más poética, permite más lecturas, es como la del Bob Dylan de después del accidente, tridimensional.  Sobre sus poesías decir que me gustan más las de Interviú -ahora me parece que ahora escribe en Público, tengo que seguirle- que sus sonetos, aunque éstos no me parezcan malos.
 Maestros de vida he tenido muchos pero el principal ha sido mi padre. No tendrá una formación muy ortodoxa pero desde luego no es un analfabeto funcional, como la mayoría de los licenciados que salen de las universidades. Se dice que la familia te viene impuesta pero los amigos se escogen. Ante esto tengo que decir que en los momentos más duros de mi vida ha sido mi familia la que me ha ayudado y ninguno de mis amigos ha hecho una llamada de teléfono (esto no es del todo cierto pero dejémoslo así).
Este post es el homenaje que puedo hacerle a todos estos maestros además de crear cultura, en la medida de sus posibilidades, a partir de sus creaciones.

jueves, 11 de agosto de 2011

Vomito


Siguiendo las lecciones de moralidad de Cristian Gálvez he de realizar una rectificación más. Sobre la canción "Vomito" de El Reno Renardo tengo que decir que al mismo momento de escribir "estoy bastante de acuerdo" no las tenía todas consigo. Ni vomito con el Papa (He leído dos libros suyos "Dios y el mundo" e "Introducción al cristianismo" que me han gustado mucho), ni con Aznar -simplemente no estoy de acuerdo con parte de su ideología, hay una frase en su libro "Ocho años de gobierno" que le vengo dando vueltas: la libertad está en el trabajo -ni vomito con Melendi, ni con Ana Obregón.
Sí estoy de acuerdo con el tono de la canción. Pues yo como el escudero de El séptimo sello moriré protestando.
También debo pedirle disculpas a Karmele Marchante -hice una broma respecto a su físico y como dice Sabina, eso es infame, además de que yo tampoco estoy como para tirar cohetes- y así mismo al ex-jugador del Real Madrid, Raúl y a Jesulín. Respecto a este último tengo que reconocer que todo torero tiene valor al enfrentarse a un toro y que siempre se le debe reconocimiento por enfrentarse a la muerte.
Ya está todo dicho. De lo demás no cambio nada. Sí estoy de acuerdo con la canción contra la SGAE, de momento. También con el calificativo que apliqué a la dirección del reality Supervivientes, que debo reconocer que aunque lo he visto poco me ha parecido su mejor edición, si acaso estoy dispuesto a eliminar el adverbio. Por lo demás pienso seguir en la misma línea.



Que nadie sea malpensado, el primer videoclip de este post no va dedicado a nadie. Simplemente me gusta.

martes, 26 de julio de 2011

La locura no se padece, se elige

En contra de lo que sostienen la mayoría de profesionales en el ramo de la salud mental, yo opino que la enfermedad mental no se desencadena de forma mecanicista y determinista sino que entra dentro de la esfera de la libertad del enfermo. Pues sí, estimados lectores, creo que la locura no se padece, se elige. No me baso en ninguna teoría para sostener esto sino que proviene de mi propia experiencia, puede que esté provocada esta percepción precisamente porque no entra dentro del campo de lo objetivo sino de lo más íntimamente subjetivo y puede que por ello, muchos consideren que mi visión esté deformada por ello, es decir, que al enfermo porque lo ve desde dentro lo ve como una manifestación de su libertad cuando en realidad no lo es.
En todos mis brotes creo que tuve un momento, en el que podía elegir si deslizarme por la pendiente o evitarlo. Sí que pienso que una vez que decides deslizarte entonces se produce todo de forma mecánica y necesaria como sostienen los psicólogos y psiquiatras y ya no puedes salir de la dinámica de la patología. Y entonces pierdes la libertad, no sólo la de salir de la situación psicótica sino también todo tipo de libertad. 
¿Por qué uno apuesta por la locura en vez que por la cordura? Quizá porque uno no es lo suficientemente fuerte como para aguantar la realidad en la que vive, en ese sentido no hay mayor acto de sublevación contra el orden establecido que la locura, es lanzar un mentís a todo el campo de lo existente. Sino es el caso de todos los enfermos, creo que sí fue mi caso.
Yo no creo que la locura sea un estilo de vida, como afirma alguno de los nikosianos. Creo que la enfermedad mental existe y de una forma destructora, absolutamente devastadora. Para quien quiera ver esa cara invito a que se pase por la puerta del Centro de Día que le quede más cercano a su casa. Es un argumento más en contra del mito loco-genio o loco-interesante. Precisamente que en este último brote me hayan quedado secuelas ha sido un incentivo para mirar esa cara y temer que yo acabe como algunos de mis compañeros, totalmente recluido en mi propio mundo sin esperanzas de poder salir al universo exterior.
Pero como dijo Franco tras el atentado de Carrero Blanco, no hay mal que por bien no venga. También puedo decir que la locura me lo ha dado todo, no la locura en sí misma sino sus circunstancias. Sino me hubiera deslizado por esa pendiente quizá hubiera sido ingeniero, tendría un BMW, una casa con jardín y habría formado una familia con perrito. Y no me habría interesado por el mundo de la cultura. Es decir, habría sido un completo gilipollas. De momento me conformo con ser un gilipollas parcial.

sábado, 23 de julio de 2011

El espacio de lo posible o la entrada al laberinto

El dilema de mi vida no es político sino ético. ¿Cómo vivir la vida o cómo hacer la vida más aceptable? De esta pregunta se sigue, cómo de otras muchas, ¿Qué entra dentro de lo terreno de lo posible, qué es lo que se puede conseguir?
Esta es mi entrada al laberinto. El capitán Ahab quería capturar a la ballena para rasgar la realidad y ver lo que se ocultaba detrás. La respuesta que le dio el cetáceo blanco no podía ser más clara, la muerte. El método que me gustaría emplear para comprobar qué es lo posible es la de golpear al azar, adentrarme por senderos no hollados todavía por nadie, no sé si lo conseguiré.
El azar es el espacio donde la posibilidad se halla más libre, de hecho el azar es pura posibilidad. En el campo de lo posible, el azar, hay mucho por ganar aunque también mucho que perder, la vida incluida. Y la forma de pasar desde el reino de lo necesario al espacio de lo posible es mediante la acción. La acción es la cama donde le ponemos los cuernos al destino.
Yo creo que la vida es una aventura. Vivir la vida como una aventura es una cuestión de perspectiva, salir de casa e ir al estanco a comprar un cartón de tabaco se puede vivir con tanta intensidad como navegar el Amazonas. O incluso más, teniendo en cuenta la burocratización de las compañías turísticas en esta clases de epopeyas pues ahora para subir el Everest hay que presentar autorización, sacar ticket y fichar en el reloj de la mercantilización de la experiencia.
Un proyecto de vida o estar al tanto de las teorías éticas ayuda a percibir la vida como una aventura. Ortega decía que convenía entender el término moral como “tener más moral que el alcoyano” y que el que tiene ética vive más que el que no la tiene por contraposición a la idea general que tiene la gente de la ética como cosa de curas y fundamento de represión sobre todo sexual.
La palabra virtud viene de la latina vir que significa fuerza, es un instrumento que hace a la persona que la emplea mucho más fuerte. Nietzsche que normalmente se le considera amoral y precisamente, nadie más moralista que él, otra cosa es que su moral coincidiera con la de la época y precisamente por eso nadie más moralista porque lo que él pretendía era que el hombre creara sus propios valores. Savater argumenta que el nazismo lo único que hizo fue crear un rebaño de ovejas rabiosas pero ningún auténtico lobo que era lo que pretendía Nietzsche, que según Savater, es algo mucho más cruel y peligroso.
Quien pretenda crear sus propios valores, seguir un camino diferente y arriesgarse a entrar al campo de lo posible deberá recaer sino en el aislamiento si en la más profunda soledad. Y es bastante probable que le tenga que mirar a los ojos a la muerte. Y a la vida que es mucho más peligrosa que la muerte, como decía Bukowski. Es el precio por salir del redil.
Supongo que comprobar que pertenece al espacio de lo posible y que es lo que es imposible se logra comprender –y creo que comprenderlo del todo no se logra jamás- con la experiencia, a medida que vas elaborando tu biografía y vas de lucha en lucha con sus respectivas derrotas y triunfos y sobre todo con la transfiguración interna que dejan mella en ti esas batallas.
Dije en la presentación que estaba enamorado de la vida y es cierto. Dije que no creía en la amistad pero no escribí que creo que hay que tener amigos. En un libro de Enric Vila (que no llegué a leer entero y lo tengo que hacer) El nostre heroi Josep Pla, dice que en estos tiempos se necesita más que nunca de maestros que prediquen la amistad y creo que tiene razón. Dejé caer que el amor era una trampa pero no expliqué que era una trampa en la que estaba dispuesto a caer las veces que hiciera falta. De hecho creo que no he hecho otra cosa en este blog que hablar de amor. Todavía no estoy de vuelta porque creo que para estar de vuelta hace falta haber ido y a mí aún me falta por ir a muchas partes. A explorar el espacio de lo posible, golpeando el azar.

jueves, 21 de julio de 2011

La tarea política de nuestro tiempo

(Libros de Referencia: La tarea del héroe de Fernando Savater y Después de la pasión política y En contra de la indiferencia de Josep Ramoneda)

A mí modo de ver, la tarea política de nuestro tiempo se trata de recuperar la política. Recuperar la política del secuestro a la que se ha visto sometida por parte de los poderes económicos. Esto ya lo han advertido diversos intelectuales desde hace tiempo y con el fenómeno de la crisis se ha puesto de manifiesto de forma extremadamente clara.
En nombre de la economía estamos asistiendo ante un desmantelamiento del Estado del Bienestar. Logros que nos ha costado siglos de conseguir, que se han pagado con mucho esfuerzo e incluso con sangre, se están sacrificando ante el moloch de la economía y la sostenibilidad del poder financiero. Ante la situación actual, la lucha de la izquierda –si es que este término tiene todavía sentido- ya no es la de profundizar en los derechos laborales, sociales, económicos, etc de las personas más desfavorecidas sino la de mantenerlos a salvo de la involución neoliberal (que es lo que está pasando en Catalunya con Convergencia, donde se han producido serios recortes en sanidad y educación y a los funcionarios se les obligará a trabajar más horas, reduciéndoles el salario). Hemos llegado al punto, que el izquierdista más aventurado no le queda más remedio que ser conservador.
Una de mis principales preocupaciones vitales en estos tiempos consiste en reconocer lo que es posible de lo que no lo es. ¿Es posible una alternativa a las medidas regresivas que está adoptando el gobierno y que probablemente aplique el PP cuando alcance el poder? No lo sé, no soy experto en economía y precisamente esa es la arma que esgrimen los políticos para privilegiar a esa casta de brahmanes que son los potentados del poder económico. Se escudan en los galimatías económicos para justificar políticas restrictivas a los avances en derechos de los trabajadores y beneficiar o al las clases más favorecidas, muchas veces en detrimento de las personas más oprimidas económicamente.
Yo quiero creer que sí existen alternativas y por eso apoyo el movimiento 15-M. Ha habido actuaciones (como lo que sucedió en el parlament de Catalunya, aunque también habría de analizar que condicionantes se dieron para que se produjera, si los que lo produjeron eran infiltrados o fanáticos violentos no representativos del movimiento, etc) con las que no estoy de acuerdo, pero hay que reconocer que la tónica general ha sido la de un comportamiento no-violento, lo que le da legitimidad ética para realizar sus acciones. El movimiento de los indignados plantea una alternativa a la sumisión de los políticos ante los poderes financieros, pues es falso que carezcan de programa, podéis encontrar sus propuestas en su página web, mediante una mayor transparencia democrática, un acercamiento de las distancias de los ciudadanos a la casta de los que detentan el poder y un mayor control a los abusos de poder tanto político como económico, las medidas que proponen los indignados coinciden con los fines políticos que Fernando Savater plantea en su libro La Tarea del Héroe, premio nacional de Ensayo 1982 (que los llamó hatajo de mastuerzos por los incidentes del parlament, véase lo que digo sobre esto unas líneas más arriba).
Hubo un eslogan en Plaza Catalunya que me gustó mucho: “Si luchas puedes perder, si no luchas estás perdido”. El objetivo de la ilustración fue la emancipación del individuo, es decir, que el ciudadano conquiste mediante el pensamiento crítico su propia libertad. Aunque en esta época que llamamos postmoderna el metarrelato de la ilustración haya quedado deslegitimado, creo que sería un error renunciar a la lucha por la autonomía del individuo. De modo prioritario, ante uno de los puntos más oscuros de las democracias actuales: la del mundo laboral. Con la tecnología orientada a aumentar la producción hasta el infinito (pues el mismo sistema siempre está generando necesidades nuevas para aumentar el consumo), reduciendo el esfuerzo solamente lo que se crea conveniente y mantener la relación amo-esclavo en lugar de estar dirigida a plantear un sistema laboral más emancipador, más creativo y más, ¿por qué no atrevernos a decirlo?, más lúdico. Con el aumento de las horas de trabajo, en lugar de reducirlas y que disminuyan el número de parados, etc. Con el aumento de la edad de jubilación y del número de años cotizados para obtener la máxima cuota de pensión. No es hora ya de cambiar el modelo laboral por otro mucho más humano, destruir su nihilismo orientándolo hacia las personas y no hacia las mercancías.
Liberar a la política del secuestro ejercido por los poderes económico y devolverla a sus legítimos propietarios, los ciudadanos. Esa es la tarea en la que me gustaría colaborar no por altruismo sino por el egoísmo más intimo de los que pueden existir. El hallazgo de mi propia autonomía, de mi propia libertad.

domingo, 17 de julio de 2011

Sucede

Sucede que en mi adolescencia lo primero que descubrí fue Extremoduro. Cuando iba a la aldea de Escairón tenía dos amigos que eran seguidores de este grupo, gracias a ellos los descubrí. En una de las ferias agrarias de una localidad cercana a la aldea compré varios cassettes de Extremoduro y al poco tiempo me aprendí todas las letras. Un artículo de mi antiguo blog "El aprendiz de filósofo" se titulaba Sol de Enero basándose en una canción titulada Sol de Invierno de este grupo y en la poesía Estrella de la mañana hay un verso que se lo robé inconscientemente.
Hace un momento estuve escuchando varias canciones del grupo y me siguen gustando. Aquí posteo algunas de las que más me llegan.


Sucede




So Payaso




Buscando una luna





sábado, 16 de julio de 2011

Cuando sea mayor...

Ya que se ha puesto de moda tatuarse, cuando tenga ochenta años me haré un tatuaje en el cipote que ponga: Nasío pa matar.

martes, 12 de julio de 2011

Principios de Tauromaquia

En la televisión del bar, emitían un programa en la 2 de Televisión Española llamado Tendido Cero. Una crónica de noticias y reportajes sobre el mundo del toreo. Después de tomarse su habitual carajillo y prepararse para salir al trabajo a Romero se le quedó grabado en la retina una serie de naturales, muy bien hilados y ligados al pecho, de José María Manzanares en la plaza de las Ventas durante la fiesta de San Isidro en Madrid. Por esa faena consiguió una oreja y, finalmente, salir por la puerta grande del coso más exigente del mundo.

Jaime, el camarero del bar, interpeló a Romero de la siguiente manera:

-¡Qué, Romero! ¿A ti también te gustan los toros?

-¡Cómo no me van a gustar si soy un torero!

-¿Torero tú? ¡Cómo no sea bombero torero!

Esta contestación provocó la risa de los parroquianos que estaban en la barra. Romero miró durante unos instantes un cartel pegado a una de las paredes del local en que se anunciaba un festejo con la participación de Ángel Teruel, César Rincón y Palomo Linares, sucedido varios años atrás. Tras esto sonrió mirando al barman y a sus compañeros de barra:

-Reíros, reíros… Los toros que toreo yo, me gustaría ver como los torearíais vosotros.

Y después de abonar el precio del café, sin despedirse de nadie, se marchó.

Desde las ventanas del hospital se podía ver como las sombras de los edificios se alargaban a medida que pasaban las horas. Miguel pasaba aburrido las hojas del periódico, pese a la amonestación recibida por no atender a los vídeos de las cámaras que vigilaban a los pacientes, ya que en un descuido éstos habían aprovechado la desatención del enfermero para sustituir los horarios en los que se permitía fumar por otros mucho más tolerantes. Romero observaba como los colores de los edificios perdían su abigarrada variedad mientras se extendía el crepúsculo por la ciudad. Dos enfermeras comentaban, aliviadas, el alta de un paciente que se desnudaba a cada momento y pretendía revolucionar la sala elaborando un manifiesto y recogiendo firmas para que la planta de psiquiatría del hospital fuera gestionada por los propios pacientes. El cielo se convertía en una paloma agonizante envuelta en sus propias sangres que anunciaba la llegada del reino de la oscuridad; territorio de poetas, cuyos adalides serían las luces de neón, los camiones de la basura, los obreros que ganan su sueldo a navajazos, los soldados del fracaso que restañan sus heridas en alcohol y las flores que ofrecen sus corolas a cambio de 90 euros la hora. Y la luna, sentada en su trono, inyectaría con jeringuillas luminosas la droga del recuerdo en las venas de los huérfanos de la esperanza.


Mientras la noche estaba dispuesta a ejecutar la última suerte al sol, los pacientes apuraban cada cigarro hasta el borde del filtro para encender otro con la brasa de aquél. A Romero le tocó en esa franja del horario encender los primeros cigarrillos con el mechero. Habló brevemente con alguno, rara vez gastaba bromas por lo cual se ganó la fama de seco, huraño y soso. Una de las pacientes, al son de una de esas canciones de Verano que se ponen tan de moda hasta bien entrado el Invierno, se echó al suelo y bailó desaforada a modo de bacante en los bosques de Grecia, mientras el resto, sentados en las sillas y en los sofás que pueblan la sala de fumadores, observaban sosegados el lúbrico show. Miguel y una de las enfermeras detuvieron el frenético espectáculo.

Entonces Romero recordó una habitación para dos en un hotel de Nimes con una sola cama, ropa interior femenina tirada por el suelo, el ruido de una ducha. Después silencio y una voz herida por el tabaco que decía:

-Ya sabes cuales son las reglas, mi amor, ahora debes desaparecer de mi vida. La cuenta ya la pago yo.

Romero que era un caballero no pudo acceder a su última petición. Y si accedió a la segunda fue por que no le quedaba más remedio. Esa semana era la feria taurina de Nimes y Romero tenía entrada de abono para esa tarde. Enrique Ponce cortó tres orejas y a Finito le indultaron un toro.

La conoció estando trabajando en el López Ibor. Ángeles era trastorno bipolar y pertenecía a una de las más acaudaladas familias de Granada. No pudo terminar sus estudios de filosofía porque la enfermedad le sobrevino estando en Tercero y las sucesivas crisis quebraron su constancia en los estudios. Un enfermero y una paciente no pueden tener una relación amorosa durante un ingreso pero dos días antes del alta se intercambiaron los teléfonos, fue Romero quien llamó primero. La familia de Ángeles jamás hubiera permitido una relación seria de su hija con alguien como Romero, así que el amor duró lo que duró el Verano que se tomó Ángeles como sabático tras su ingreso. Un viaje por el sur de Francia, teniendo como escenarios en la batalla del deseo y del placer, como iglesias de la acción de gracias al culto solar: terrazas de pueblos encalados y riberas de ríos nacidos en los Pirineos.

Después, año y medio más tarde, aprobó unas oposiciones con muy buena nota y le concedieron una plaza en la planta de Psiquiatría del Hospital de San Rafael en Barcelona. Pero nadie puede huir de su propia sombra y Ángeles ya era una parte de ella. Si Ángeles muriera seguiría viviendo en la carne de Romero. Había intentado de dejar una breve huella en la eternidad.

La noche salió por la puerta grande a una ciudad poblada de constelaciones de luz artificial. Dichas constelaciones y los faros de los autos formaban un laberinto en el que debía ofrecer su vida en sacrificio al minotauro del alba. Era la hora de la cena y faltaba una hora y media para que Romero cediera el turno al enfermero nocturno que ocuparía su lugar. Se llamaba Francisco y era natural de Camas, un pueblo de Sevilla. Francisco no se ajustaba al canon del típico andaluz pues no era saleroso, más bien taciturno. Un enfermero que tenía familia en el mismo barrio de Camas donde nació Francisco llegó a insinuar que le sucedió una desgracia muy grande y que desde ese momento se volvió de esa manera. Por otra parte, no se le conocían problemas con ningún tipo de estupefaciente.

Una enfermera llevaba en un buffet con ruedas las bandejas con la cena hasta el comedor y el resto del equipo llevaría la bandeja correspondiente con el enfermo asignado. Cuando hubieran terminado de cenar cada enfermo devolvería la bandeja al buffet. Después se abría un turno para fumar. Romero aprovechó es periodo para escribir en su diario, pues pensando en la encarnación de Ángeles en su persona, decidió que esa sería su huella en la eternidad. Se lo legaría a los descendientes de su familia. No creía en otro modo de vida ultraterrena, aunque tanto de este modo como en el de Ángeles la eternidad se acabaría diluyendo en el olvido, emulando a la película, como lágrimas en la lluvia.

Ese día no había sucedido nada interesante, a su modo de ver, así que se dedicó a pasar negro sobre blanco una serie de reflexiones. En ello estaba cuando uno de los enfermos se dedicó a pegar cabezazos contra un cristal que ante el espanto de todos, estalló en pedazos. Se trataba de un paciente muy conflictivo, de hecho estaba cumpliendo condena en la modelo por atracar un banco y a causa de una crisis, real o ficticia, le trasladaron al hospital. Realizar actos vandálicos era su forma de alargar el ingreso hospitalario y no volver al centro penitenciario. Hizo falta la colaboración de todo el equipo, incluida la de Romero que se llevó un buen codazo en las costillas, para internarle en la habitación y atarle a su cama.

Romero tras este incidente retomó el diario. Escribió una reflexión sobre el tabaco. Pues al meditar sobre su situación: soltero sin perspectivas de dejar de serlo y estando hipotecado hasta las cejas, se veía con el agua al cuello. Pero tenía la ventaja de ser funcionario, un trabajo estable que, hasta ahora, era para toda la vida. Aún así tenía que reducir gastos, entre ellos el del tabaco. Sin embargo se negaba a dejarlo porque, pese a trabajar en Sanidad, quería joder a los fanáticos antifumadores que enarbolaban como bandera la ley antitabaco aunque tuviera que joderse él también. Había restricciones en esa ley con las que estaba de acuerdo como no fumar delante de hospitales y en las puertas de los colegios. ¡Pero en los bares…! No solo no habían conseguido una mayor afluencia de los no fumadores en los locales sino que muchos fumadores que eran habituales de la barra habían dejado de asistir a la parroquia. Considerando que los fundamentalistas antitabaco tachan a los fumadores de egoístas ¿Acaso no son egoístas ellos por anteponer su salud al placer de los fumadores? ¡Si deberían estar agradecidos de que los fumadores les maten! Así se ahorran parte de este valle de lágrimas y les ofrecen un atajo hacia el cielo al que, indudablemente, por oponerse a tan nefando vicio irán.

Al poco de terminar de escribir su reflexión, llegó Francisco que le saludó de la siguiente forma:

- Buenas noches, Romero. ¿Qué tal la faena?

sábado, 9 de julio de 2011

Sobre lo bello y lo feo

Reproduzco aquí la información que utilicé de introducción antes de la tertulia de la Puerta de Tanhäusser, el programa se emite los jueves de 5 a 6 de la tarde y se reemite los domingos de 7 a 8 de la tarde en Bocarradio (90.1 FM), si no os alcanza la señal podéis escucharlo en esta página web:  http://www.bocaradio.org/portal/


La belleza según Aristóteles

El concepto de belleza

Según Aristóteles es bello lo que es valioso por si mismo y lo que a la vez nos agrada. El filosofo convirtió la imagen en concepto, substituyendo una interpretación intuitiva, por una definición.
La belleza se relaciona con el placer, ya que su valor reside en ella misma, a diferencia de lo útil, sobre cuyo valor decide el resultado.

Orden, proporción y dimensión

Aristóteles afirma que sobre la belleza deciden la dimensión y la proporción. Lo que llama orden (disposición adecuada) lo llamaría mas tarde forma. La forma era una manera conceptual, no como disposición de elementos, sino como la esencia de las cosas.
Aristóteles añadió a la doctrina pitagórica, la proporción de la conveniencia. La idea de belleza la concibe como la dimensión adecuada, como la medida apropiada para cada objeto. La belleza depende no solo de la dimensión relativa de los objetos, sino también de su dimensión absoluta.

La belleza y la perceptibilidad

En la estética Aristóteles transfiere el interés por la propiedad de los objetos percibidos, al interés por la propiedad de la percepción. Cuando una obra es fácilmente perceptible es que captamos mejor su unidad.

El alcance y el carácter de la belleza

Percibía más bien la belleza en los objetos particulares que en los conjuntos. La belleza es diversa, relativa y mudable; concebía la belleza como una propiedad objetiva de las cosas.
El goce se debe a la experiencia misma y no a lo que, se asocia con ella.

La belleza según Voltaire

Preguntadle a un sapo qué es la belleza, lo bello, el to kalon. Os respondería que su hembra, con dos ojazos redondos resaltando en su cabecilla, la boca ancha y plana, el vientre amarillo y el lomo marrón. Preguntad a un egro de Guinea; lo bello es para él una piel negra y oleaginosa unos ojos hundidos y una nariz aplastada.
Preguntad al diablo; él os dirá que lo bello es un par de cuernos, cuatro garras y una cola. Consultad finalmente a los filósofos; os contestarán con sus galimatías; les es preciso algo de acuerdo con el prototipo de lo bello en esencia, con el to kalon.
Asistía yo un día a una tragedia junto a un filósofo. “Que bello es esto”, decía. ¿Qué le encontráis de bello?, le dije, y respondió: “El hecho de que el autor haya alcanzado su objetivo.” Al día siguiente tomó un medicamento que le sentó bien. “Ha conseguido su objetivo –le dije-, ¡he ahí un bello medicamento!”
Comprendió que no se puede decir que una medicina es bella, y que para dar a algo el nombre de belleza es preciso que ese algo cause admiración y placer. Acordó que esta tragedia le había inspirado estos dos sentimientos y que en ello residía el to kalon: lo bello.
Hicimos un viaje a Inglaterra: se representaba allí la misma obra perfectamente traducida; hizo bostezar a todos los espectadores. “¡Oh, exclamó, el to kalon no es lo mismo para los ingleses que para los franceses.” Decidió, después de muchas reflexiones, que lo bello es muchas veces relativo, de igual manera que lo que es decente en Japón es indecente en Roma, y lo que está de moda en París no lo está en Pekín. Y se ahorró el trabajo de componer un extenso tratado sobre lo bello.

(extracto del “Diccionario filosófico”)

La belleza según Nietzsche


"El hombre cree que el mundo está rebosante de belleza, y olvida que él es la causa de ella. Solo él le ha regalado al mundo la belleza; aunque, lamentablemente, se trate de una belleza humana, demasiado humana... En el fondo el hombre se mira en el espejo de las cosas y considera bello todo aquello que le devuelve su imagen. El juzgar algo «bello» constituye la vanidad característica de nuestra especie."

Federico Nietzsche: El Ocaso de los Ídolos

Conceptos de Belleza y Fealdad según el “Diccionario del Diablo” de Ambroise Bierce

Belleza: Don femenino que seduce a un amante y aterra a un marido.

Fealdad: Don de los dioses a ciertas mujeres que pueden ser virtuosas sin ser humildes.

Rectificación a "Un catedrático de ética"

Meditando y comentándolo con otras personas lo que sucedió el Jueves en Supervivientes, me veo obligado a rectificar. Pido disculpas por la ofensa a Jorge Javier porque seguramente él no tiene la responsabilidad del suceso que comento sino la dirección del programa. Así que catalogo como sinvergüenzas a dicho organismo y excluyo a Jorge Javier del apelativo. He dicho.

jueves, 7 de julio de 2011

Un catedrático de ética

Estuve viendo un rato supervivientes aunque no lo sigo habitualmente. Aída Niza tuvo -según Jorge Javier- una macabra conversación con Rosa Benito sobre el accidente de Ortega Cano.

- No sé cómo una mujer puede ser tan mala persona -dijo Jorge Javier a la madre de Aída- Como puede hablar de este tema con un fallecido y con una persona en una situación grave, etc.

Tengo que confesar que yo mismo estaba impaciente por enterarme de la conversación a ver cuando la emitían.

Después conectaron con la isla y hablaron con Rosa. Mal se lo puso a Jorge Javier, Rosa Benito cuando declaró que había tenido buena convivencia con Aída y que creía que serían buenas compañeras. Y eso que le tiró de la lengua.

Como vi que tardaban mucho, me tumbé en la cama a leer "Miau" de Galdós, cuando al cabo de un rato, escucho en la televisión de la cocina algo así como:

-Buenas noches, Aída, te quiero hablar de la conversación que tuviste con Rosa Benito. Como puedes ser tan mala persona. La única palabra para definirlo es asco, vergüenza, consternación... sigo hablando contigo aunque no quiero.


Y mientras suena la sintonía del programa, musito sonriendo: "¡Qué hijo de la gran puta!" y al instante escucho la música de un anuncio que empieza con unos sílbidos.

PD: Sí, soy el fan número 1 (de hecho, el único que debe quedar ya) de Aída Niza y, además, la productora de "Sé lo que hicistéis..." me paga la coca.

martes, 5 de julio de 2011

El sol oscuro

¿Recuerdas, amor, las risas y los ojos crepusculares  con los que me mirabas mientras me vestía, aguantando las burlas de ese tipo que estaba al otro lado del espejo? ¿Recuerdas la fusión de dos universos creando un microcosmos de sábas húmedas de sudor y alcohol? ¿Recuerdas, cariño, cuando reinventamos el diccionario y la gramática adaptándolos al idioma del deseo y la pasión? ¿Recuerdas cómo intentamos mezclar el cielo con la tierra, el tabaco y los besos, el café con la hiel?

Esto pensaba cuando recorría, en un sueño de vencejo, la mirada por toda Barcelona desde las baterías de la Rovira. Mi padre bajó desde el Carmelo, el 19 de Julio del 36, a unirse a los anarquistas para impedir el triunfo de la sublevación. Me comentó una vez que gracias a esas baterías se repelían los ataques de la aviación italiana sobre la zona noroeste de la ciudad. La Pasionaria profetizó que no pasarían pero pasaron. Y llegó un tiempo de silencio, en que media España tenía que estar callada ante la otra mitad.

Te conocí gracias a mi padre. Me llevó un día a la fábrica de refinado de aceite en la que trabajaba desde que finalizó la guerra –cómo se libró de represalias sería muy largo de explicar- y tú estabas en la oficina, de auxiliar administrativa. Fue allí donde se cruzaron nuestras miradas y al instante comprendí que mi vida cambiaría para siempre

¿Recuerdas, amor, la primera vez que conversamos? Me decías algo sobre tu trabajo pero yo no te escuchaba. Te acariciaba con la mirada tus labios de cereza, de un rojo tan intenso como las brasas que me escuecen en el corazón, y después descendía por tu cuello de alondra enamorada hasta deslizarme por tu escote a ver si hallaba el sol oscuro que prometía esconder.

Lo que así comenzó, terminó donde debía terminar, probando si el colchón podía resistir la pasión de un fin de semana. Y después la política, las revistas, la copa de europa y la rutina revueltos en el brillo de dos miradas adictas al encuentro. Y surgió algo parecido al amor.
Ahora que no estás, que te perdí en una estación de tren de los que nunca vuelven, me pregunto que hubiera sido de nosotros si hubiéramos continuado; alguien dijo: “el amor eterno dura tres años”.

De todas formas, aquí en estas baterías que fueron testigos de una lucha entre hermanos, esconderé el sol oscuro que encontré para que nadie me lo robe.

miércoles, 29 de junio de 2011

Más puntos suspensivos

Estrella de la mañana

Lucero de fulgores diamantinos
rechazas las tinieblas
que pueblan los abismos de lanoche.
Anuncias la promesa
de un eclipse de arena,
de un rayito de mar.
Clavel del firmamento, corazón
de alondra. Del naufragio
alivias al navío con tu brillo,
al viajero señalas el camino
y al astro rey precedes en su trono.
Cereza de la China, flor de malva;
la certeza, la duda,
la rosa y la espina,
los clavos de mi cruz
y mi resurrección
eres tú para mí.
Un ósculo de fuego
en un cielo sin luna.
Quizás el sol será la mermelada
que nutra las hogueras
de nuestro corazón.
Y una brisa serena
se cernirá en la tarde
y más allá del alba.
Quizás nos encontremos
allí, en ese lugar adonde van
los que aman demasiado.


Sobre las palabras que acaban en mente

(Soneto)

Tus cabellos sembrados de mil dudas
escuecen mis entrañas. Sé que guardas
la luna entre tus ojos, perlas pardas,
y bajo el celemín: besos de Judas.

Si pruebo tus hechuras tan agudas,
si caigo por palabras alabardas
evitaré el perdón porque ya tardas
en ir al paraíso de los Budas.

Y en suelos del asfalto y de la arena
un toro se desangra quedamente.
Teseo desligó ya su condena.

El albergue de tu cuore y de tu mente
duplica tu figura en esta vena
que el sol desvanece tenuemente.

viernes, 10 de junio de 2011

Salida a Vallvidrera

A las 9:15 de la mañana, los educadores decidieron darnos media hora de descanso para almorzar. Así que cada usuario se fue a su establecimiento habitual a tomarse su refresco, su zumo, su café, su cerveza (sin alcohol, por supuesto, somos buenos chicos). Después del refrigerio, en la calle Santari, subimos al autobús para dirigirnos a la plaza Gal·la Placidia, donde está la estación de los Ferrocarriles Catalanes conocida por Gracia. En el interior, estuvo a punto de mascarse la tragedia, ya que falto poco de que me montara en un tren que me habría llevado a Reina Elisenda. Tras llegar a nuestro verdadero destino, subimos una suave pendiente a cuyos ambos lados se extendía un bosque no muy frondoso y al cabo de cinco minutos llegamos al pantano, donde estaba el merendero donde comeríamos. El día era soleado, lumínoso, tampoco hacía excesivo calor, prometía que iba a ser una espléndida jornada y que todo saldría sobre ruedas. Tal como sucedió.
Antes de comer, para hacer hambre, Oscar propuso hacer una caminata. Un grupo numeroso de usuarios decidió emprender la marcha. La primera parte del camino discurrió por empinadas pendientes envueltos por un paisaje amazónico. Tras culminar la dura ascensión, el resto del camino transcurrió en llano ofreciéndonos una bella panorámica del pantano y de la vegetación circundante. Cuando llegó el momento de bajar, Óscar, que guiaba el grupo, descendió por un camino equivocado que tuvimos que subir en balde. Quizá fue a modo de entrenamiento de usuarios para poder enfrentarnos a un Ironman, como el que realizó él unos pocos días antes.
Al llegar al merendero poco tiempo tuvo que pasar para que llegaran las viandas. Butifarra, Alioli, Pollo y Patatas Fritas. De postre, Helado. Entre plato y plato me enteré que la dueña del merendero era de un pueblo cercano al de mi madre, en Galicia. Tras la comida un grupo más reducido de usuarios caminamos con Óscar, en un paseo mucho más corto, hasta un mirado que había sobre el pantano. Poco tiempo después, los educadores dieron la orden de salida y regresamos a casa. Sanos y salvos.
Recordé los tiempos en que, de niño, iba a los merenderos de Vallvidrera. Casi siempre el once de Septiembre, lo celebrábamos con una parrillada en Las Planas que estaba a rebosar de gente. Esta vez, con Tres Turons, no había absolutamente nadie, excepto nosotros. El contraste es lógico y explicable, pero no sé por qué me pareció curioso.

lunes, 28 de marzo de 2011

Encuentro con el destino

1.


-          ¿Qué es lo que sabemos? Nada…

Esto dijo la señora Pepi, dueña del bar La Faisana, justo en la frontera del barrio del Carmelo con la barriada de La Font d’en Fargues. Yo, como siempre, estaba tomándome un cacaolat y fumando sin parar, mientras leía Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé –novela que situó, precisamente, ese barrio en el atlas geográfico de la literatura. Reflexionaba sobre si todo estaba dicho en literatura. No, desde luego que no. La literatura es un arte que nace de la experiencia vital del individuo con la realidad y esta experiencia es siempre irrepetible.

-          ¡Roberto, tú siempre leyendo! –me gritó, alejándome de mis pensamientos, la señora Pepi..
-          Es lo único que sé hacer –repuse.

Roberto Onairos, ese es mi nombre. De profesión, trastornado descarriado. Pero siempre soñé con ser escritor, aunque ese siempre, implique desde mi segundo nacimiento, cuando ingresé por primera vez en el psiquiátrico. Por eso no bebía un quinto, sino un cacaolat. Si tomas medicación antipsicótica los médicos te prohíben el alcohol. En esos días intentaba convertirme en escritor presentándome a pequeños concursos literarios, por supuesto, jamás logré nada. Mi literatura (si es que se puede llamar literatura) nacía en el fracaso y debía morir en el fracaso. Pero no me resignaba y ese día, quería escribir un relato para un certamen literario que convocaba un café de Valladolid.

-          ¡Eh, Roberto! Ha llegado la persona que estabas buscando.

Me giré enseguida y vi a un señor de anchas espaldas sentado en un taburete en la barra de zinc. En su brazo derecho, colgando, llevaba un paraguas a cuadros de color marrón y escuché como, con voz nasal, pedía un quinto con unas aceitunas rellenas.

-          Ahora es la mía –pensé

Cerré el libro, lo metí en la bolsa, me levanté de la silla y me dirigí a su lado en la barra. Examiné su rostro, un rostro duro, de boxeador, de alguien marcado por las vicisitudes de la vida. Sus manos eran grandes, robustas, surcadas de arrugas. Su complexión fuerte y ancha. Concluí que debía tener alrededor de la sesentena.

-          Disculpe caballero. ¿Puedo sentarme al lado de usted?
-          Sí, cómo no. –respondió una voz, aunque nasal, grave y firme.

Entonces, le expliqué que la señora Pepi me dijo un día que aquí venía, de vez en cuando, un escritor y que yo era un escritor en agraz interesado en tener contactos con gente que escriba, etc. Él me escuchaba atentamente sin mostrar ninguna emoción. Después le conté lo que estaba leyendo en ese momento, Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé, que me parecía de una gran calidad literaria.

-          ¿Te apetece dar un paseo? –me dijo al terminar las olivas.


2.

Un escritor de 64 años que jamás ha publicado nada, no sé que voy a sacar de todo esto –pensaba para mis adentros.
Miquel Perllossa, así se llamaba el “escritor”, trabajaba de revisor de contadores de gas en el distrito de Gracia. Un día que volvía del trabajo en la línea 24 de autobuses, se durmió y en lugar de bajarse en su parada, llegó hasta el final. Entró en el bar La Faisana y le gustó ese ambiente, un bar pequeño y proletario. Le recordaba el mundo obrero que le contaba su abuelo, de antes de la guerra. Y de ese modo, decidió pasarse por ahí cada fin de semana. Le gustaba escribir pero no tenía interés en publicar nada, lo único que le aportaba su tarea de escritor, era una tarjeta de presentación para no decir que era revisor de contadores de gas. Había escrito hasta ese momento, tres libros de cuentos y  dos novelas.
Después de dar una vuelta por la montaña de la Rovira, fuimos a parar al mirador. Se veía enfrente nuestro el mar y la silueta de La Sagrada Familia recortándolo. Las Torres de la Vila Olimpica, la torre Agbar, etc. eran los edificios más destacados que se veían desde nuestra posición. Nos sentamos en un banco. Al lado nuestro había una pareja haciéndose caricias y arrumacos.

-          Bueno ¿y cuáles son tus influencias? –le pregunté tras un silencio embarazoso.

No me contestó, lo único que dijo fue: “¿Me acompañas a mi casa?”.


3.

La séptima planta de un edificio de Travessera de Dalt. Se me antojó un piso de pequeño burgués. Sus padres habían sido comerciantes y llegaron a labrarse una buena posición tras la guerra. Pero él siempre había sido mal estudiante y tras haber sido aprendiz de contable, probó en los más diversos trabajos, hasta que recaló en el actual.
En el salón estaba su biblioteca, me sorprendió que apenas tuviera una docena de libros.

-          Es que no suelo comprar libros. Los cojo de las bibliotecas públicas –contestó a un comentario que le hice al respecto.

Ya sólo por el salón, daba la impresión de que estaba soltero, todo desorganizado y una colección de videos porno tirada por el suelo.

-          Perdona el desorden, a esta hora es cuando acostumbro a limpiar.

Me invitó a una coca-cola (ya le había comentado mis problemas mentales y sabía que no podía beber alcohol) mientras él cogía una cerveza de la nevera. Nos pusimos a hablar de literatura. Él apenas hablaba, yo dirigía la conversación y él asentía sin mostrar mucho interés. Le comenté que el libro que más me había fascinado era Las partículas elementales de Michel Houellebecq, que incluso tenía mucho que ver con la aparición de mi primer brote psicótico. Él no decía nada. Pasó el tiempo y me despedí, presentando mis excusas porque tenía que volver a comer a casa. Él me despidió amablemente y me regaló uno de sus libros, una novelita titulada Encuentro con el destino.



4.

Después de comer, me dispuse a hojear el libro. Leí el prólogo, escrito por un tal Bernardo Belmonte, en el que decía que era una obra que iba a revolucionar el panorama literario español, que no tenía parangón en la historia de la literatura. Pasé a leer directamente la novela y ¡he aquí mi gran sorpresa! En el capítulo 1 la primera línea decía: “Escribe aquí tu diario:” y el resto estaba en blanco. 236 páginas en blanco. No sabía si era una estafa o una genialidad.
Días más tarde, fui al bar La Faisana a intentar reencontrarme con él, ya no vino más. Jamás me atreví a presentarme en su casa. Cada vez que pasaba por el bar de la señora Pepi, le decía a la dueña.

-          ¿Qué? ¿Ha venido nuestro amigo, el escritor?
-          No, que va, me parece que ya no viene – decía impertérrita la señora Pepi.

Meses después, volviendo a “leer” la novela, decidí seguir su juego y comenzar a escribir mi diario en su obra. A ver si me encontraba con el destino. Después de desayunar, mi padre trajo los periódicos y cuál fue mi anonadamiento al ver que mi amigo se había encontrado con el suyo.
Una pequeña columna en la sección de sucesos de uno de esos diarios gratuitos decía: HALLADO MUERTO UN HOMBRE DE 65 AÑOS EN LA PLAZA LESSEPS TRAS ARROJARSE EN MEDIO DE LA CALZADA. Explicaba que la víctima –si se le podía denominar así- era revisor de contadores de gas y que tras perder su empleo, decidió quitarse la vida tirándose al tráfico circulatorio. La columna añadía que había sido mercenario en la guerra de Chipre y que tras acumular mucho dinero haciendo ese tipo de trabajos, se retiró en España dedicándose al trabajo de revisor de contadores de gas y al hobby de escribir “libros en blanco” (sic.) que regalaba a sus amigos.

¿Qué es lo que sabemos? Nada… -le dije a mi padre, sonriendo.